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La soledad en pareja...
Ana Giorgana
Mayo 2011

Una de las condiciones más difíciles de tolerar es el sentimiento de contar con una pareja y al mismo tiempo experimentar soledad.

 

Tener la necesidad de estar solos es una situación natural en la vida humana. Por ratos ansiamos contar con momentos de intimidad con nosotros mismos. En un mundo como es el de hoy, plagado de ruidos, contaminación visual y auditiva, es difícil encontrar tiempos de silencio y soledad. Es imprescindible entonces, aislarse para entrar en calma y en comunión con uno mismo. Por supuesto que es sano renovarse en estos ratitos de estar a solas.

Sin embargo, cuando tenemos una pareja a la que amamos tantou2026 pero que al mismo tiempo nos sentimos solos, sin apoyo, fuera de su compañía y de su disposición afectiva, entonces ese sentimiento de soledad nos carcome, puesto que una parte de nosotros mismos clama por vivir acompañados, mirados, atendidos, queridos y apreciados por nuestra media naranja.

Vivir de a dos es una experiencia que complementa el sentido mismo de nuestra existencia, es la posibilidad de dar un propósito a la existencia e incluso, hasta trascender en la especie, sí es que hemos decidido tener hijos. Pero cuando esta experiencia de pareja, lejos de complementarme me lleva una y otra vez al sufrimiento de soledad, es una llamada de atención para redefinir el rumbo de la relación.

Cuando una de los integrantes de la pareja o ambos se encuentran experimentando esta sensación seguramente se encuentran en un lugar dentro de su relación, en el que más que la expresión del amor, se viven condiciones de indiferencia, hostilidades, resentimientos no hablados, luchas de poder, falta de interés en la vida de la pareja, o en los intereses de alguna de los integrantes de la misma.

Es sentir la angustia misma de contar con alguien y al mismo tiempo no tenerlo, tan ausente afectivamente hablando. Mis temas de conversación ya no le interesan, cuando hablamos de planes en común, nos topamos con el muro del silencio, o del en este momento tenemos que hablar de eso? en un tono, por supuesto de molestia.

No atinamos a darle el nombre exacto a nuestra relación de pareja, vivimos confundidos y esperando que tal vez, mañana o al ratito, todo sea distinto.

Pero no, la sensación de no contar con la persona que más queremos en nuestra vida, aquel o aquella que hemos elegido para que sea nuestro compañero de vida, no está disponible para nosotros emocionalmente hablando, es una condición desgarradora, desalentadora y por momentos, tocamos el sentimiento del desamor, de la frialdad y de la soledad.

Independientemente de la razones, una relación paralela, un desencuentro de personalidades, un no tolerar a la familia del otro, problemas en el trabajo, riñas con la familia extensiva, la muerte o enfermedad de un familiar, más allá de sentirnos solidarios, nos sentimos abandonados, dejados a la deriva. Además sin una explicación razonable para ello.

Las circunstancias pueden ser variadas y con una infinita cantidad de posibilidades, pero mientras estamos ahí, en ese lugar de la del retraimiento, en esa posición de alejamiento, la razón no alcanza para expresar nuestro sentir.

Cuando alguno de los integrantes de la pareja, decide ya no estar con la pareja, sea consciente o inconscientemente, deja al otro en un estado de vulnerabilidad tal, que no se acierta a comprender y las preguntas surgen en aquél que está aún involucrado en la relación, existen, dudas y un gran dolor.

El paradigma de la pareja ha cambiado y está cambiando cada día más, quieres que algo suceda en tu relación, dilo, exponlo y acláralo, define específicamente qué quieres, qué necesitas y cómo puede lograrse en ese mundo de a dos.

Pero nos mostramos temerosos frente al hecho de hacernos cargo de nosotros mismos, seguimos creyendo que el otro nos va a adivinar, a complementar, a completar, que todo el tiempo será nuestra compañía y comprensión.

La realidad es que mientras yo, hombre o mujer no esté completo, estaré sujeto a que el otro, la pareja le apareje de lo que carece, lo cuál sólo es una fantasía, el otro es el otro y sólo puede darme lo que me puede dar, lo demás me toca a mí, me guste o no, lo acepte o lo rechaze. 

Para encontrarme con una pareja de calidad, primero tengo que ser una persona de se acepta como es, con toda su humanidad, con sus complejos, temores, tristezas, alegrías y desencantos y tristezas.

Yo comprendo que mis comentarios por momentos son demasiado realistas, pero no hay remedio, la realidad, es la realidad, y no es verdad que el amor todo lo cura, desde mi punto de vista, si logramos tener acuerdos y nos funcionan, más allá de lo que los demás crean o piensen.

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