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La familia...
Ana Giorgana
Mayo 2011

La familia es siempre privilegiada como un sistema que es la célula de todo el tejido social. Sin embargo, también la familia cuando es disfuncional es generadora de neurosis, de adicciones, de maltratos y de violencia.

Cuando hablamos de familia a que nos referimos exactamente, la gran mayoría de las personas tiene un cierto sentido de pertenencia a esta vida familiar que significa unión, lazos afectivos, fraternidad, identidad, etc. Sin embargo, también existen lazos familiares que ahogan, que matan, que lastiman y que dejan profundas huellas y cicatrices en la vida de las personas.

La familia tradicional se compone por padres e hijos. Sin embargo, hoy en día existen una gran cantidad de formas familiares. Es decir, la familia, es el grupo consanguíneo con el que vivimos bajo el mismo techo. Abuelos, hermanos, tíos, segundas parejas, hijos de ambos integrantes de las parejas, madres solteras, padres divorciados. Lo tradicional, parece ser ahora, una excepción y no la regla. Todas igualmente valiosas.

El ideal familiar y su armonía, cuando existe, es un grupo que contiene, que apoya, que forma, que da sentido. Pero esta familia, en un inicio, se compone por la pareja. La pareja y sus formas de relacionarse van a dar la tónica emocional de esos lazos familiares. Probablemente, la pareja es disfuncional, agresiva, violenta, infiel, en fin, las parejas conforman todavía más la parte medular de esta célula social. La pareja parece estar en un plano muy valorado por todos los seres humanos. Es una condición que permite formar un vínculo afectivo que nos lleva a la entrega, a compartir y a consolidarnos como hombres o como mujeres.

Las parejas, también tienen sus dinámicas propias que pueden llevar a construir o a destruir el amor. Hombres y Mujeres sufren de manera importante los avatares de la pareja. En la pareja, más que en ninguna otra relación, la intimidad es una cualidad importante. Cuando esta intimidad se ve violentada en el sentido físico, psicológico y moral, el deterioro no sólo de la relación de pareja, sino de la persona se ve afectada en su autoestima, en su amor propio, en su Ser más interno.

Aquí en esos espacios de intimidad se fragmenta y se consolida la relación de pareja. Este vínculo amoroso que nos llena de alegría o de sufrimiento. Es importante, tratar de entender cuál es el tipo de relación de pareja que estamos llevando, para entender el tipo de familia que estamos consolidando. Es decir, el modelo de pareja que estoy transmitiendo a mis hijos, cuáles son los valores, los estilos de relación, las formas de comportamiento. La pareja es el primer modelo de amor que enseñamos a nuestra descendencia, que seguramente, más adelante reproducirán en su vida en pareja y familiar.

Es necesario repensar no sólo la vida en pareja que estamos llevando, sino reflexionar sobre nuestras pautas de comportamiento frente a nosotros mismos. Cuando acepto el maltrato, quiere decir, que una parte mía está de acuerdo con esa forma lastimosa de tratarme, por tanto, requiero revisar mi autoestima, mi valor personal, el orgullo propio, etc.

Por tanto, antes de iniciar cualquier proyecto de pareja, familiar, necesito saber: Quién Soy, Cómo vivo, Qué quiero, Cómo lo quiero, y entonces, emprender acciones para llevar esa vida que me interesa, de lo contrario, siempre estaremos responsabilizando a otros de todo lo que nos pasa y culpando al mundo por nuestra condición.

Para formar mejores familias, necesitamos construir parejas más funcionales, y eso, sólo se logra, cuando somos mejores individuos no para otros nada más, sino para nosotros mismos.

Conscientes de la problemática familiar y de pareja, los especialistas siempre tienen una respuesta neutral que pueden ayudar a la comprensión de los problemas. No dude en consultarlos, estamos ahora, por una cultura de la no violencia y sufrimiento, pero para eso, tenemos que empezar por nosotros mismos.

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